La quinta columna
Por: José Güich
Desde sus orígenes, la ciencia ficción ha recorrido un camino bastante tortuoso. Los gerentes del sistema literario se han resistido a otorgarle plena dimensión artística y filosófica, asustados por su popularidad en países como Estados Unidos –donde adquiriría las señas de una próspera industria–. Sin embargo, ya existen críticos e investigadores que se ocupan con rigor del asunto, vía el sondeo de las obras de clásicos –Verne, Wells o Asimov– y la construcción de un corpus teórico, articulado según la materia de análisis.
En el Perú, Clemente Palma, a comienzos del siglo XX, ya había instalado las bases para una CF engendrada por estos rumbos. Como Leopoldo Lugones en la Argentina, Palma hizo eco del espíritu crepuscular afín al Modernismo: un cóctel lítico que mezclaba fe en el progreso y una visión tenebrosa a propósito de las consecuencias de la tecnología para la humanidad. Décadas más tarde, José Adolph cerraría una suerte de ciclo con sus singulares incursiones y abriría, en simultáneo, pasajes inexplorados. Y sólo ahora, con la explosión de la web, los otrora quintacolumnistas han encontrado el medio justo para el desarrollo de esta corriente en escala planetaria.
Carlos E. Saldívar (Lima, 1982) nace de esas canteras. Sus Historias de ciencia ficción (2008) son testimonio de que ya no es aceptable concebir tal escritura como mero pasatiempo de seres disociados o extraños. Varios de estos relatos circularon previamente en revistas virtuales como Velero 25 –dirigida por Víctor Pretell– o Argonautas, de formato convencional. Saldívar resume en este libro inevitables tributos a los maestros. A lo largo de las doce narraciones, es observable la huella de Asimov -difícil de evadir para los jóvenes- y Arthur C. Clarke. El tópico de la inteligencia artificial, por ejemplo, está presente en El problema del amor y en Pena. Ambos textos anuncian el progresivo reemplazo de la naturaleza humana por una forma de vida creada a imagen y semejanza del homo sapiens. En otros casos, las especulaciones y paradojas sobre el tiempo y el espacio sirven de impulso a relatos como Lejana distancia, uno de los más sólidos del conjunto. El protagonista, incomprendido por su familia, es un caminante compulsivo que, gracias a un experimento, evade su pasado. También destaca el tema de los visitantes extraterrestres (Reubicación o Visiones en conjunto) que coexisten con nuestra especie sin una vinculación directa, camuflados en el ambiente externo o interno. Por otro lado, si bien es cierto que las ideas y planteamientos atractivos abundan en el volumen, aún es preciso bruñir el estilo: hay cierto descuido en el uso de los signos de puntuación, que atenta contra la claridad y la secuencia del discurso. También es necesario evitar la saturación de adjetivos, a veces obvios y sin valor expresivo.
La mesa está servida. Saldívar tiene los instrumentos de viaje a su alcance. Sólo resta persistir con el propósito de que el vehículo surque el espacio y llegue a los confines de la imaginación.

Interesante, vamos a revisar este material.
Saludos